PODER ADULTO, PRENSA DE OCUPACIÓN E INDEPENDENCIA JUVENIL


      3.- INDUSTRIA ESTATAL POLÍTICO-MEDIATICA:

      Hemos insistido de todas las formas imaginables en que la industria mediática adquiere características nuevas cuando existe opresión nacional en su Estado-cuna, a la vez que agiganta otras que permanecían latentes o poco desarrolladas cuando era débil y/o incipiente la lucha de liberación nacional de los pueblos ocupados.

      3.1.- ESTADO-CUNA Y SIMBIOSIS POLITICO-ECONOMICA:

      ¿Qué es el Estado-cuna en la actual fase capitalista, llamada "globalización"? Pues es el Estado al que mayoritariamente pertenecen los capitalistas propietarios de esa industria, en el que encuentran el grueso de su mercado seguro de ventas, del que extraen una parte importante de sus trabajadores, en el que mantienen estrechas relaciones de poder con las diversas fuerzas políticas y culturales conservadoras y reaccionarias, y de cuya cultura dominante, la de sus clases dominantes, extraen el caudal lingüístico y de conocimientos que emplean en la industria que poseen. Esta definición no anula que esas industrias mantengan relaciones con otras industrias mediáticas extranjeras igual o más poderosas, alianzas de muchos tipos y siempre con la intención clara de aumentar los beneficios. De hecho, esas alianzas y hasta integraciones más o menos pactadas, cuando no aceptadas a la fuerza, no anulan algunas o ninguna de esas características porque a la transnacional que ha engullido a la estatal más pequeña también le interesa mantenerla como dominadora en ese mercado estatal, con sus relaciones con el poder político-económico, con su empleo de la lengua y de la cultura dominante, etc., aunque le prohiba o le condicione mucho cualquier veleidad de expansión autónoma en el mercado mundial. Del mismo modo, esa industria estatal puede tragarse a otras más débiles de Estados menos desarrollados económicamente, y comportándose con ellas del mismo modo en que las grandes transnacionales se ocupan con otras industrias mediáticas de su Estado.

      En contra de lo que se dice desde la hueca palabrería neoliberal, ni han desaparecido los Estados ni tampoco se han extinguido las industrias mediáticas pertenecientes a esos Estados. El que una de las características básicas de la famosa globalización sea precisamente el debilitamiento de las fronteras y defensas estato-culturales y lingüísticas frente al maremoto mediático de las grandes transnacionales de la manipulación, es sólo una parte de las contradicciones que en este tema se están agudizando dentro del capitalismo, porque la otra parte es la del crecimiento de las resistencias lingüístico-culturales e identitarias de los pueblos y de sus sectores progresistas, incluso de algunas burguesías que oprimen a otros pueblos, como la francesa y la española, pues necesitan mantener sus propios instrumentos lingüístico-culturales de opresión nacional. Pero para los pueblos oprimidos, como Euskal Herria, el enemigo primero y fundamental del que independizarse son los Estados que ocupan material y culturalmente su territorio.

      Hemos hecho esta precisión porque nos permite descubrir las fuertes relaciones materiales -políticas, económicas, tecnológicas, legales y administrativas, de representatividad internacional y apoyo diplomático, etc.- y simbólicas -lingüístico-culturales, referenciales, ideológicas, históricas, etc.- que fusionan a la industria mediática con los intereses de la clase dominante del Estado-cuna. Si cualquier industria concreta tiene relaciones de este tipo, en el de la prensa aumentan por el contenido complejo y polivalente de las mercancías que fabrica, que van desde la cultura burguesa de élite y minoritaria hasta la pornografía más basta pasando por audiovisuales, cine, música, prensa de todo tipo, espectáculos de todas clases; editoriales políticas, económicas y/o religiosas, educativas, de entretenimiento y ocio, y un largo etcétera. Tampoco hay que olvidar que esas grandes industrias tienen a establecer relaciones con otras no estrictamente dedicadas a la prensa, sino con la banca, universidad, sanidad y turismo de masas por citar algunas que cada vez tienen más dependencias para con la industria de la manipulación propagandística. Comprendemos así muy fácilmente la extrema utilidad de alienación y manipulación que tienen esas industrias para el conjunto de la clase dominante del Estado-cuna, y las simbióticas y ágiles relaciones mutuas internas y hasta familiares que se establecen entre la burguesía que invierte en la industria mediática y el resto de esta clase criminal y parasitaria, muy en especial su fracción financiera y especulativa.

      Cuando el Estado-cuna oprime a naciones dentro de sus territorios oficiales, esa simbiosis incrementa su importancia, como veremos, al igual que sucede aunque con diferencias lógicas, cuando ese Estado impulsa y protege la expansión imperialista de sus burguesías en otras zonas, sobre todo aprovechando las antiguas cadenas de dependencia neocolonial y postcolonial dejadas tras la liberación de esos pueblos. Este es el caso de los Estados español y francés, obsesionados, el primero, por facilitar la expansión de las industrias en Latinoamérica y, el segundo, en grandes áreas de Africa y Cochinchina. En estos casos, como también en el imperialismo británico pero apenas en el alemán fuera de Europa, los Estados-cuna apoyan e impulsan con todos sus medios los contactos con las burguesías autóctonas usando como vía la lengua y cultura allí impuesta a la fuerza cuando ocupaban esos pueblos y que ahora siguen siendo las dominantes y oficiales. Británicos, franceses y españoles potencian esas vías de recuperación de su antiguo poder para facilitar la nueva explotación imperialista, y dentro de esas industrias las mediáticas, culturales, educativas, de comunicaciones, etc., por usar la definición burguesa, juegan el papel de caballos de Troya para acelerar la invasión de otras empresas.

      Incluso capitalismos que apenas tienen restos de un imperialismo derrotado y/o extinto fuera de Europa, como el holandés, el alemán y el italiano, y a otra escala el portugués, hacen similares o idénticos usos de sus industrias mediáticas, en la medida de lo posible y rentable. También los hacen dentro de Europa, como es el caso de la expansión alemana hacia el este eslavo recurriendo a los restos de la cultura germánica mediante la potenciación del Instituto Goethe y los esfuerzos italianos por mantener su vieja presencia en Rumania y el Adriático. Y en cuanto a los EEUU ¿qué podemos decir que no se haya dicho ya? Pues que ni la Gran Bretaña con toda su dominación lingüístico-cultural en lugares tan distantes pero estratégicos como Australia, Sudáfrica, India, Canadá, Arabia y Lejano Oriente, está libre de la expansión yanki que utiliza como base de apoyo la identidad de lengua dominante impuesta anteriormente por el imperialismo británico.

      Insistimos en estas realidades estructurales en el actual capitalismo y habitualmente olvidadas porque son decisivas para comprender el papel estratégico de las industrias mediáticas en la defensa activa de los beneficios de la clase dominante a la que pertenecen sus empresarios, los capitalistas propietarios --al margen ahora de la forma de dicha propiedad-- de esos medios de producción industrial. Sería muy interesante, en este sentido, poder extendernos un poco en la muy significativa lucha de reordenación que se está produciendo dentro de la Unión Europa entre las grandes corporaciones de la desinformación y manipulación, de las presiones que cada vez más está ejerciendo Bruselas para lograr cierta "independencia europea" al respecto, de las resistencias y/o apoyos oportunistas de bastantes Estados europeos para mantener su poder en la UE, y, por no extendernos, de las presiones exteriores de los EEUU en defensa de las corporaciones que tienen allí su cuna. Volviendo al tema anterior, en la defensa de los intereses de su burguesía estatal, esas empresas estrechan los lazos de colaboración interna con los servicios secretos de su Estado-cuna, con los departamentos de sus ministerios de exteriores, de industria y comercio, de defensa y represión, de investigación y ciencia, de cultura y educación, para mejor lubricar las relaciones entre los periodistas enviados al extranjero y las necesidades generales y/o concretas de su burguesía representadas y estratégicamente defendidas por su Estado-cuna.

      Por todas partes salen a la superficie a nada que se rasque la apariencia oficial las estrechas relaciones que históricamente han mantenido los servicios secretos exteriores, con todas sus oficinas de espionaje, con muchos periodistas delegados en el extranjero y con los "enviados especiales" para cosas y momentos importantes. Y en la actualidad, incluso muchas grandes empresas que no trabajan en la industria mediática pero que sí invierten en el extranjero o bien refuerzan o crean sus propias oficinas de prensa y marketing para abrirse camino en esos países, intentando obtener toda la información posible sin reparar en medios, o bien presionan a sus Estados respectivos para que aumenten la eficacia de sus servicios diplomáticos, de espionaje industrial y mediáticos.

      3.2.- ESTADO-CUNA Y PAPEL DE LA "PRENSA NACIONAL":

      Hemos insistido en la simbiosis entre industria mediática y Estado-cuna porque es decisiva en el estudio que realizamos. Los típicos y muy frecuentemente embrollados y abstrusos debates sobre si la prensa es el "cuarto" o el "primer poder", etc., debate que se mueve en los marcos conceptuales de la ideología liberal que la misma burguesía abandonó en la práctica a mediados del siglo XIX, no llegan a la raíz del problema -esa simbiosis y sus formas de plasmación- porque su propio encuadre ideológico se lo impide, aunque algunos de ellos, muy pocos, aportan ciertas cosas. Pero esos límites demuestran que en realidad son muros carcelarios que impiden toda investigación crítica y reflexión autocrítica cuando ese supuesto cuarto o primer poder debe enfrentarse con sus hermanos de clase dominante y con su Estado-cuna en problemas esenciales, tanto internos como externos, pero no en los secundarios que son todos los que conciernen al reparto de la tarta, a la división del botín, a las porciones que cada bloque político-económico debe y/o quiere obtener del beneficio total extraído de la explotación de las clases trabajadoras, de las mujeres y de los pueblos ocupados. Mientras que los problemas sean secundarios, o sea, se den dentro de la unidad de poder esencial, mientras sea así, las diferencias aun siendo accesorias y superficiales serán infladas e hinchadas artificialmente con los trucos de manipulación y sensacionalismo, cuando no engaño y mentira, que tan bien emplea la industria mediática. Se recurrirá a cualquier cosa con tal de vencer en estas peleas secundarias pero importantes, aunque no decisivas.

      Los problemas esenciales, en el tema que analizamos, son los que afectan a la continuidad del capitalismo en el Estado-cuna y a la pervivencia de su "unidad nacional", y cuando más virulencia alcanzan es cuando ambos componentes son cuestionados a la vez. Existe una muy estrecha relación simbólico-material entre el beneficio económico extraído de la explotación de las naciones ocupadas y la identificación emotiva, psicológica y lingüístico-cultural dominante en el "territorio nacional", que históricamente se ha formado mediante las invasiones armadas de los pueblos circundantes para convertirlos en partes del mercado "nacional" del Estado invasor. Por esta razón histórica, la clase dominante funde en un único bloque su beneficio económico y la "unidad nacional" del territorio en el que explota a la fuerza de trabajo que le rinde ese beneficio. Así, de un lado, necesita no sólo defender el territorio sino aumentarlo en lo posible, y, de otro lado, utilizará todos los recursos disponibles y creará los necesarios para lograr lo anterior. Desde luego que la expansión de su mercado depende del contexto histórico, de las fases capitalistas, etc., pero para llegar a juntar la fuerza suficiente ha tenido que conquistar con anterioridad los territorios de los pueblos circundantes, integrándolos a la fuerza en su "mercado nacional". En síntesis, esta es la formación histórica de los Estados español y francés, y la razón brutalmente material de las invasiones y despedazamientos que ha sufrido y sufre Euskal Herria.

      Si bien la industria mediática es muy reciente en la historia del capitalismo, no es menos cierto que, primero, ya desde muy antiguo se conoce el efecto alienador y manipulador del control de las ideas, de la manipulación de las noticias y de la información interesada; segundo, desde el siglo XVI las noticias han sido creadas y empleadas para obtener beneficio económico; tercero, que conforme se expandía el capitalismo los diversos poderes y fracciones de poder creaban sus periódicos y su prensa, y también sus agencias de noticias, inseparables de los sistemas de información, contrainformación y guerra psicológica, como era manifiesto ya en el siglo XVII; cuarto, que esta dinámica ha sido consustancial e imprescindible para la simultánea formación de los grandes Estados como el español y el francés, entre otros, acelerada desde el siglo XVIII; quinto, que en el siglo XIX la prensa se regía totalmente por leyes capitalistas como la ley del valor-trabajo, el plusvalor y la plusvalía, la concentración y centralización de capitales, el aumento del capital constante y la reducción del capital variable, etc.; sexto, que a la vez, se fortalecía su simbiosis con el Estado-cuna y sus ministerios armados, culturales y educativos, económicos, etc., siendo una pieza clave en la creación de la "unidad nacional" francesa y española; séptimo, que en el siglo XX sufre varias fases en esta simbiosis hasta que en el último tercio, sin mayores precisiones, irrumpe su industrialización y queda inequívocamente descubierta su identidad política, y, último, octavo, que los cambios en el capitalismo mundial ya asentados a inicios del siglo XXI, están imponiendo determinados cambios en la actual industria político-mediática que sintetizaremos en su momento.

      Desde el siglo XVIII en adelante, con la centralización borbónica de los Estados francés y español, y más tarde, desde el XIX, con los avances más o menos difíciles de la burguesía, la simbiosis político-mediática se ha fortalecido respondiendo tanto a las fuerzas económicas como a las exigencias políticas, militares y represivas. No hace falta recordar aquí el papel de la prensa en el franquismo y en el régimen antidemocrático de monarquía constitucional -es caer en una contradicción inconciliable hablar de "monarquía democrática" porque ambos términos son antagónicos como el agua y el fuego-, ni tampoco cómo los sucesivos sistemas represivos implementados por los gobiernos de UCD, PSOE y PP -en Hego Euskal Herria- han introducido de manera cada vez más beligerante y despiadada la manipulación, provocación y mentira en todos los productos de su industria político-mediática directa o indirectamente relacionados con Euskal Herria. En Hipar Euskal Herria, el poder mediático francés ha seguido las mismas pautas que el español pero con menos intensidad porque todavía París no necesita reforzar su ocupación mediante la beligerancia mediática total, pero llegará a hacerlo si sigue avanzando el independentismo y la autoorganización popular.

      A lo largo de la creación de los Estados español y francés, como hemos dicho, la prensa ha jugado un esencial papel creador y orientador de opiniones, y centralizador del sentimiento "nacional" necesitado por la clase dominante. Ella misma, la prensa, debe su actual poder a esa creación mutua, y aunque la experiencia francesa es algo más antigua y diferente a la española, en ambas el proceso ha ido moldeando y determinado la naturaleza nacionalista opresora de la industria político-mediática. En el caso español, la prensa fue decisiva para intentar recuperar el sentimiento "nacional" español muy debilitado desde finales del siglo XIX con la pérdida de los restos imperiales. Las transformaciones socioeconómicas y culturales hicieron que la Iglesia católica, elemento vital en ese sentimiento, perdiera influencia social, y aunque se mantenía el Ejército sus derrotas internacionales posteriores como la de Marruecos, acabaron con su ya mermada efectividad nacionalizadora. En compensación, aumentó la de los ministerios estatales y la de la prensa, pero la crisis era tal que la clase dominante recurrió a la dictadura franquista como única solución, y fusionando en un solo aparato de propaganda a la prensa, Iglesia, Ejército y Estado. Inmediatamente después, desde mediados de los setenta la prensa, ya en proceso de industrialización mediática, fue otra vez decisiva en la llamada "transición democrática" y su descentralización administrativa en la forma del "Estado de las autonomías"; luego, volvió a serlo desde 1993 para llevar al PP al gobierno de Madrid desplazando al PSOE a comienzos de 1996.

      Pero más ejemplar es la experiencia francesa desde el último tercio del siglo XIX, desde la aplastante derrota militar ante Alemania en 1871 y la sublevación de la Comuna Revolucionaria de París, hasta la actual ola de racismo ultranacionalista, pasando por su comportamiento en el "affaire Dreyfus" a comienzos del siglo XX; la guerra de 1914-18; en los años del Frente Popular de León Blum; en la guerra de 1940-45; en la inmediata posguerra cuando se pactó la amnesia oficial y perdón práctico a los muchos colaboracionistas con los nazis -entre los que destacaron banqueros e industriales, periodistas, intelectuales y artistas, o sea partes básicas de la actual industria mediática- y la rendición de la poderosa guerrilla popular; en las guerras contra Vietnam y Argelia, con sus prácticas atroces y genocidas; su comportamiento en el mayo'68 y durante el gobierno "de izquierdas" posterior, etc. En el caso francés, la Iglesia católica no ha tenido el papel público que ha tenido en el español porque la burguesía recortó mucho sus privilegios feudales, pero ha seguido siendo un factor nacionalizador interno muy importante. El Ejército francés sí ha jugado un papel nacionalizador más acentuado que el español porque, pese a su reaccionarismo burgués, no ha sostenido una dictadura interna de casi medio siglo como la franquista. Por último, el mayor desarrollo del capitalismo francés explica que en ese Estado opresor surgiera antes que en el español la industria mediática.

      Si algo existe en común en ambos ejemplos es, primero, que sus crisis nacionales -sin definirlas aquí- han sido inseparables tanto de crisis internacionales como de las reivindicaciones de los pueblos que oprimían dentro y fuera del continente; segundo, que tanto durante esas crisis como después, la prensa ha sido decisiva desde finales del siglo XIX para recuperar y readecuar la maltrecha identidad "nacional" a los nuevos momentos; tercero, que junto al incremento del poder y del papel de la prensa, la Iglesia y el Ejército han pasado de ser pilares exteriores a ser interiores, pero sin desaparecer en modo alguno; cuarto, que a lo largo de esta experiencia la burguesía y su Estado han cuidado escrupulosamente no debilitar su monopolio de prensa e información, asegurándolo con el control estatal, político, económico, cultural e ideológico; quinto, que la clase dominante y los partidos reformistas han perdonado a los periodistas de orden siempre que han cometido algún "error político" impulsados por su "celo profesional", es decir, la prensa no sólo ha gozado y goza de impunidad para decir lo que quiera, y sobre todo lo que le mandaban y le ordenan, sino que incluso cuando ha colaborado criminalmente con el nazismo, el franquismo, o justifica la tortura, las desapariciones y la guerra sucia contra l@s revolucionari@s independentistas, incluso así, no ha sido ni es depurada y menos aún castigada democráticamente, y último, sexto, que esta tendencia crece según aumenta la lucha independentista y según ambos Estados han de responder a los cambios del capitalismo, que a su vez obligan a cambiar a la industria político-mediática.


      3.3.- ESTADO OCUPANTE Y PRENSA DE OCUPACIÓN

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